Paté de Fuá en el D.F.

En Lunario del Auditorio

Linyera: modismo Argentino. Vagabundo. Trotamundos, persona que viaja de manera arbitraria a través de diversos lugares, viviendo el día a día como lo hizo en su momento la cultura gitana.

Paté de Fuá es evidentemente una banda que no hace música rock, pero su apasionada e irreverente mezcla de géneros como el tango, el jazz, dixieland, foxtrot y otros estilos, hacen que el proyecto emprendido por Yayo González y Guillermo Perata sea una de las propuestas mas contraculturales que se ha dado en los últimos años en México. Escuchar a Paté de Fuá es abordar un tren que ofrece en cada pieza un paisaje distinto, un gran diario de viaje donde cada canción es una crónica de una de las tantas aventuras de una viajero, de un cantor, de un alma de marinero que gusta del juego, el vino y la mujeres.

El pretexto ideal para citar a un público en extremo variado, era la presentación de su mas reciente disco “Boquita Pintada” a manera de bienvenida para este 2012, un año que pinta bastante movido para este sexteto, que, la noche del 11 de febrero, dio una de las presentaciones más divertidas y energéticas que jamás haya tenido el Lunario del Auditorio Nacional.

En punto de las 21:00 hrs., las primeras instrumentaciones de lo que sería una noche llena de historias de lugares tan distantes, que por eso son tan cercano. Yayo González, acompañado de su siempre fiel guitarra y de otros 7 excelentes músicos e instrumentistas nos comenzó a relatar la travesía de este proyecto llamado Paté de Fuá, que recorrió piezas emblemáticas de sus anteriores producciones como ‘El Fantasma Enamorado’, ‘Ojos Brujos’, ‘Muñeca’, la tan emblemática ‘Canción de la Linyera’. Pero también la agrupación presentó la vitalidad de sus canciones más recientes como ‘La Lupita’, una vertiginosa versión de ‘Bas-aut’ y una de las favoritas del público ‘Mujer que te peinas’.

Yayo, se mostró siempre como un carismático frontman, y un gran relator de historias, y a pesar de su origen argentino, se considera a sí mismo, y a su banda, como una agrupación en su totalidad mexicana, mostrándose siempre respetuoso y cariñoso de un público fiel, público que mezcla a gente de todas las edades y todos los estratos sociales: jóvenes inconformes, poetas de avanzada edad, baliarines, cronistas urbanos, tangeros, músicos de jazz, rockeros, gitanos, y uno que otro curioso, la mayoría eso sí, portando una clásica boina francesa.

Uno de los momentos mas emotivos llegó cuando se escuchó, ‘Celoso y Desubicado’ donde Yayo invitó a todos los asistentes a bailar y a confesar su amor a la acompañante insistiendo que la amistad entre hombres y mujeres es casi imposible.

Después de un breve encore, el octeto, formato que utilizaron por esta ocasión especial, regresó al escenario para despedirse de su auditorio y presentar a cada uno de los integrantes, y cerrar una noche llena de paisajes sonoros tan diversos, que llevaron a los asistentes a los barrios bajos de Buenos Aires y Montevideo, a los callejones de París, a los bares de apuestas de Chicago de los años 20, a los puertos de Nueva Orleans, a los circos de Praga y a las calles de una lluviosa Ciudad de México: Paté de fuá nos contó en cada canción, una crónica de una de las tantas aventuras de una viajero, de un cantor, de un alma de marinero que gusta del juego, el vino y la mujeres, de un absoluto y obstinado Linyera.

Texto y fotos: Leonel Hernández para WARP.

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