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Investigación: Producción en México

Mar 20 Mar 2012

El productor mexicano: una figura olvidada por los medios
Por: Julián Woodside

La figura del productor en México vive en la penumbra, opacada en varias ocasiones por nombres de productores extranjeros. La historia de la producción musical del país es extensa, aunque poco difundida, quedándose sólo en comentarios y anécdotas entre músicos y periodistas, sin enriquecer los debates sobre la cultura de la producción musical en México.

 

¿Cuántos saben del disco de La Maldita Vecindad cuyo master se lo quedó el productor Bill Laswell y nunca vio la luz? ¿Cuántos mencionan nombres como los de David Guerrero, productor de Discos y Cintas Denver, quien nos diera varias de las producciones clásicas del rock urbano? ¿Cuántos de los que hablan sobre la prohibición del rock tras Avándaro saben que Alfredo Díaz Ordaz, hijo del ex presidente Gustavo Díaz Ordaz, tuvo varios grupos de rock durante los años setenta y que fue el productor de los primeros discos de Thalía? O más recientemente: ¿cuántos comentan que una de las mentes creativas detrás de Lady Gaga es el mexicano Fernando Garibay?

 

El primer problema que ha afectado a la producción musical en el país es la poca difusión. En este sentido, Mario Santos, quien ha trabajado con artistas como Filippa Giordano, Mijares y Jon Anderson, de Yes, comenta: “Hay buenos proyectos que se quedan sin darse a conocer adecuadamente, debido a la insuficiencia de canales de promoción, exceptuando Internet. Son muy pocos los programas de radio y televisión que promueven abiertamente la música de artistas nacionales, lo que impide la difusión del producto a la mayor parte de la población”.

 

Sin duda, un gran problema de la memoria musical mexicana, ha sido el difícil acceso a varios discos, por lo que todavía es mucho más difícil tener a la mano elementos para iniciar la discusión de fenómenos como la producción.

 

Al respecto, Sergio Andrade, quien diera forma a muchas canciones icónicas de los años ochenta y noventa, responde: “La culpa principal es de los grandes monopolios —como Televisa—, que se limitan a endiosar la figura del intérprete y jamás prestan atención al arreglista, al director musical, al ingeniero de grabación o al productor, ni los entrevistan, ni hacen crónicas de su trabajo. Pareciera que el artista se graba y se produce solo. Así, al no haber una cultura de reconocimiento del oficio, la producción permanece en la sombra”.

 

Lo anterior repercute no sólo en el legado de diversos productores, sino que disminuye las posibilidades de transmitir el aprendizaje que la industria ha generado, como Andrade complementa: “Lo que falla de manera notoria es la capacidad para trabajar, tanto al disco como al artista, de manera conceptual y, sobre todo, de manera original. ¿Qué se debe grabar con determinado artista y por qué? ¿Cuál es el concepto que el disco, en su totalidad, va a exponer? ¿A qué público va dirigido? ¿Cuál debe ser el hilo conductor en los arreglos para ser coherentes y estar en coordinación con el concepto del disco? ¿Qué deben expresar las letras y de qué manera?”.

 

El productor es un creativo que se involucra, en mayor o menor medida, con el concepto que el artista busca, explorando formas de encaminar el proceso creativo. Sacha Triujeque, quien ha trabajado con artistas como Kinky, Gustavo Cerati, Juanes y Ely Guerra, explica: “El productor es percibido a través de su combinación con el artista. La música habla por sí sola. A veces la combinación es muy sutil, a veces muy presente. El lugar del productor es diferente, caso por caso. Al final, de cualquier forma, sólo se trata de capturar y presentar la canción en su mejor y más honesta forma”.

 

Sin embargo, la falta de una cultura de producción en México genera una serie de problemas a los que se enfrentan los productores de manera cotidiana. Como expone Jorge “Chiquis” Amaro, productor de artistas como Fobia, Panteón Rococó, Jot Dog y Paquita La Del Barrio: “(Está) el miedo a hacer cosas distintas, a arriesgarse; (está) la desunión entre músicos y productores y la falta de humildad (…) La piratería ha devastado igual los sueldos de los productores que el presupuesto de los buenos estudios. La cantidad de dinero que ahora se utiliza para hacer un disco, no es ni la tercera parte de lo que era antes”.

 

Así mismo, Rogelio Gómez, productor de Los Esquizitos, Hocico y Hueco, complementa: “(Un problema es) la credibilidad que tenemos aquí y que las bandas no se comprometen hasta las últimas consecuencias, no se casan con el productor (…) Yo diría que hay más facilidades que dificultades, pero he de decir que la manera de pensar de algunos músicos en el país no ayuda; luego entonces, no es fácil que se dejen dirigir”.

 

Las nuevas tecnologías, además, fomentan una mayor competitividad. Como menciona Toy Hernández, DJ y productor de artistas como Control Machete, Celso Piña y 3BallMTY: “Creo que una dificultad es que ahora todos los músicos quieren —y pueden— ser productores; entonces, la posibilidad de auto producirse puede generar una nebulosa para el desarrollo de las carreras de productores”.

 

 

La labor del productor es necesaria para aportar oídos frescos a una composición; sin embargo, en muchas ocasiones, pareciera que se trata de un trabajo en el que constantemente tienen que hacer malabares entre lo que les da de comer y lo que les genera satisfacción artística.

 

“Es muy difícil hallar la posibilidad de trabajar en algo que sea realmente interesante y, al mismo tiempo, que tenga un presupuesto que te permita concentrarte el tiempo necesario en un solo proyecto —plantea Gerry Rosado, quien ha trabajado con artistas como Descartes A Kant, Alonso Arreola y Jaramar—. De esta forma, se convierte en un trabajo ‘de mucho cariño, pero sin fines de lucro’ o, mucho peor, terminas eligiendo proyectos con presupuestos que muy rara vez son profundamente interesantes”.

 

A esto hay que agregar las limitantes tecnológicas y económicas que hasta hace relativamente poco causaban que muchas producciones interesantes fueran duramente criticadas por tener una deficiente calidad de sonido. “Es difícil mirar a través de una mala producción, por consiguiente —reflexiona Gerry—: una buena canción puede ser arruinada por una mala producción; pero una mala canción, con buena producción, sólo es una mala canción que suena tan bien, que no nos queda duda de que es mala”.

 

Hay muchos tipos de productores; está el todólogo (que hace arreglos, compone, produce y toca), el rockstar (que nomás presta su nombre y encarga todo al “inge”), el científico (aquel que busca nuevas sonoridades), el cumplidor (que hace que el disco suene “bien”) y el que es considerado como un miembro más de la banda.

 

“El buen productor es el que vende discos, pero en el negocio de la música como en el del arte —concluye Sergio Andrade—, la diferencia fundamental siempre será que te cataloguen como ‘un buen productor’ o ‘un gran productor’. Por ello, Phil Spector, Joe Meek, Quincy Jones, George Martin y Todd Rudgren han sido grandes productores”.

 

La industria musical en México ha cambiado radicalmente en los últimos años, permitiendo el surgimiento de cada vez más productores que son reconocidos por su labor y cierto sello particular, esperando que esto signifique el surgimiento de propuestas cada vez más interesantes.

 

“Pasaron demasiados años con músicos y productores tratando de complacer a una industria de una mediocridad y simpleza ejemplar y se generó mucha confusión respecto a los objetivos —sostiene Gerry Rosado—. Creo que, hoy en día, el ambiente se está aclarando y veo con optimismo el futuro; es decir: menos dinero, pero mejor música. Si uno no le tiene miedo al trabajo, creo que es un gran momento para trabajar en esto… Pero, en definitiva, empieza a ser un trabajo de valientes”.

 

Sería valioso recuperar todas las anécdotas que estos, y muchos productores más, nos podrían compartir, como grabar discos en cuestión de horas, lidiar con fallas técnicas, trabajar en situaciones precarias y aguantar los caprichos de infinidad de artistas. Sería más importante, sin embargo, profundizar en los procesos creativos: ¿Qué técnicas utilizaron para producir determinados discos? ¿Qué tanto hay detrás de cada uno de los discos que escuchamos?

 

“Terminando de grabar el disco "Tómala", de Los Tetas, se descompuso el disco duro… ¡Sin respaldo! —nos cuenta Sacha Triujeque— Se mandó recuperar la información y se recuperó un 70 por ciento, más o menos, de cada sesión. Pero sucedió que algunos tracks de batería y voz se fusionaron en el proceso de una manera cool. Y así lo dejamos en la canción que se llama ‘Underground Side’. Fue una sorpresa divertida que sonaba bastante bien”.

 

Por su parte, Mario Santos nos comparte: “En 1987, Miguel Blasco producía un disco con varios artistas de EMI Capitol; yo rentaba los teclados que se estaban usando. De pronto, a la mitad de una sesión de voz, la cinta de dos pulgadas se rompió, debido a la falta de mantenimiento de la cabeza de grabación de la máquina; la cinta comenzó a salirse, a enredarse, dañándose con una velocidad espantosa ante un silencio generalizado de todos los que allí estábamos presentes. Así inició la Segunda Guerra de Independencia entre los productores españoles y los mexicanos, todos ellos ‘responsables’ del estudio de EMI”.

 

Si bien la figura del productor musical se mantiene en relativo anonimato, ya desde 1938 se habla de “éxitos discográficos” en México. Recuperar las historias detrás de infinidad de discos permitirá no sólo enriquecer el mito musical del país, sino que agrupará un vasto conocimiento que será útil para todos los productores y músicos que están surgiendo en el territorio nacional.
 

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